Volviste a revisar todo lo que hiciste.
Buscando el momento exacto en que todo empezó a sentirse distinto.
Buscando qué podrías haber hecho distinto.
Como si encontrarlo fuera a cambiar algo.
Y en algún momento apareció otra pregunta, más silenciosa que la primera:
¿por qué sigo pensando en esto?
¿por qué no puedo simplemente seguir adelante?
Ya pasó un tiempo. Deberías poder estar mejor.
Eso te decís.
Y como no podés, empezás a sospechar algo peor:
que si esto todavía te afecta así, el problema tenés que ser vos.
No es así.
No estás rota.
El momento en que te volvés contra vos
Una guía breve para reconocer cuándo darle vueltas a lo que pasó empieza a convertirse en juicio contra vos.
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